viernes, 23 de octubre de 2015

La idea de Céspedes y el documento del francés

Los plátanos comenzaron a colocarse en 1915, por iniciativa del Intendente de Jesús María.
Colonia Caroya. La Av. San Martín luce hoy 2436 árboles de casi 40 metros de altura y troncos de 1,5 metro de diámetro que forman un túnel polícromo, el más extenso de  Sudamérica con estas característica. 
 
Los más viejos cumplen 100 años. El contexto social y político era totalmente diferente y ayuda a entender el origen de la postal que enorgullece a los caroyenses.
 
En el año 1910, la Colonia tenía conflictos de poder. En septiembre de ese año, José Romanutti fue electo Intendente, pero los concejales finalizaban sus mandatos y no se hicieron Elecciones para renovar los ocupantes del Legislativo. En consecuencia, la Municipalidad quedó acéfala.
 
El Gobernador de Córdoba, Félix Garzón, decretó la incorporación de Caroya a Jesús María, a partir del 21 de septiembre.
Al frente de la Villa Jesús María estaba Gabriel Céspedes, un inmigrante español adinerado, abogado y periodista político. 
Para los colonos era un dolor sin cura estar bajo dominio jesusmariense, lugar con el que ya había cierta “pica”. Por eso, hacían lo imposible por entorpecer la labor del Intendente. 
 
Pese a ello, Céspedes se preocupó por hacer mejoras en la Colonia y su gestión se caracterizó por cuidar el agua y multar a los que la derrochaban. El nivel de irritación era insostenible.
 
La decisión de plantar plátanos a lo largo de la “calle ancha” también generó descontento en los pobladores caroyenses.
En septiembre de 1915 comenzó la primera etapa, desde el paso a nivel del ferrocarril hasta el Lote XV-B.
 
Ese año se conoció un documento que fue publicado por la revista Placeres Caroyenses: una exposición firmada por un Juez de Paz que certifican que un joven, Gustavo Sánchez Tristante, había sido uno de los encargados de plantar los plátanos.
 
Era un hombre nacido en Francia, que llegó a América sin un solo centavo y pagando el pasaje del barco con trabajo en el navío. 
 
Una vez instalado en Jesús María, le pidió trabajo a Céspedes en su propiedad del actual Club Social Jesús María y éste le asignó la histórica tarea de plantar los árboles. Le pagó 20 centavos de moneda nacional por cada uno que pusiera. Ese trabajo lo hizo junto a otros cuatro empleados, entre los que recuerda a Nemesio Olmos.
 
Los caroyenses no aceptaban la idea de Céspedes, pero en el fondo sabían que iba a ser importante. Por eso, por su propia cuenta, hicieron lo mismo en una calle de Estación Caroya, lugar que, según ellos, sería el verdadero ingreso al pueblo.
 
Los que no simpatizaban con Céspedes se habían propuesto impedir el avance de la arboleda en la calle principal. Durante la noche los arrancaban o cortaban los que tenían tallo más débil.  
 
Sostenían que esos árboles necesitaban de un riego especial y que el agua se necesitaba en las chacras y no para regar el “capricho” del Intendente.
 
Los que estaban a favor, colaboraban en el riego transportando agua desde Estación Caroya en bordelesas y tachos grandes. También hacían guardias nocturnas, con escopeta al hombro, para evitar que los arrancaran.
 
En 1918 la Colonia volvió a ser administrada por autoridades propias y Jesús María quedó acéfala. Ese día hubo fiesta en una localidad y protestas en la otra.
 
Las plantaciones fueron en cuatro etapas, hasta pasar el lugar donde ahora está el Monumento al Inmigrante. La última fue en la década de 1970.
 

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