Por las calles de arena del apacible barrio Colastiné Sur todos cuentan
una historia, la del puerto olvidado. Aquel puerto levantado en 1885 tuvo
apenas dos décadas de esplendor y progreso. Luego quedó en el recuerdo. Hasta
hoy, cuando con la bajante histórica del río Paraná emergieron los restos de
los antiguos muelles de quebracho y parte de las construcciones
portuarias.
"Ahí están, esos son los muelles", muestra orgulloso el vecino
Hugo Vaillard, parado sobre la rampa para embarcaciones del Club de Caza y
Pesca, señalando la orilla del río Colastiné. Y siguiendo la línea imaginaria
que traza su dedo hacia el río asoma del agua marrón como una lanza al sol un
durmiente de quebracho, y más al norte otro, y otro más sobre la curva.
"Ese era un muelle", precisa el hombre que se pasó la vida por esas
calles, jaqueado por las sucesivas crecientes que lo inundan todo.. Es uno de los más antiguos pobladores de Colastiné Sur y escuchó de
boca de su padre y otras gentes esta rica historia del puerto olvidado. Colastiné
Sur se inunda fácil. El caserío fue levantado en una zona de tierras con cota
muy baja, a la vera de la ruta a Paraná, sobre la orilla del río homónimo. Ese
es uno de los motivos por el cual aquel antiguo puerto que fue un motor de
crecimiento para la ciudad duró poco.
"Un año antes de ser gobernador, Gálvez impulsó ese puerto como una alternativa al puerto que estaba dentro de la ciudad, en la curva que por entonces el río Santa Fe pegaba en calle La Rioja y lo que hoy es 27 de Febrero (el Palomar), donde todavía existe -muy deteriorada- la última casa del barrio del puerto, la casa de Díaz y Clucellas", relata Vittori, un apasionado de la historia nuestra.

Hasta hace unos días atrás todo ello estaba bajo el agua. Así perduró esta historia por años. La que se mantenía viva en la memoria de sus pobladores, nietos de aquellos trabajadores portuarios que gozaron las mieles de progreso. Ahora la naturaleza la expuso nuevamente al brillo del sol. Y en el barrio muchos visitantes de fin de semana preguntan por el antiguo puerto. Esta mágica atmósfera llena de calles de arena, sauces y río es la que inspiró a Juan José Saer a escribir su novela El Entenado, entre otras narrativas que describen el paisaje de la costa santafesina, y la tensión que se generaba entre los originarios del lugar y los nuevos habitantes. Se trata de uno de los barrios más antiguos de la ciudad fundada por Garay el 15 de noviembre de 1573 en Cayastá. Colastiné Sur fue creado el 31 de diciembre de 1662, apenas unos años más tarde del traslado de Santa Fe la Vieja a su emplazamiento actual -de la Vera Cruz-, una increíble mudanza emprendida allá por el año 1649.
Hasta hace unos días atrás todo ello estaba bajo el agua. Así perduró esta historia por años. La que se mantenía viva en la memoria de sus pobladores, nietos de aquellos trabajadores portuarios que gozaron las mieles de progreso. Ahora la naturaleza la expuso nuevamente al brillo del sol. Y en el barrio muchos visitantes de fin de semana preguntan por el antiguo puerto. Esta mágica atmósfera llena de calles de arena, sauces y río es la que inspiró a Juan José Saer a escribir su novela El Entenado, entre otras narrativas que describen el paisaje de la costa santafesina, y la tensión que se generaba entre los originarios del lugar y los nuevos habitantes. Se trata de uno de los barrios más antiguos de la ciudad fundada por Garay el 15 de noviembre de 1573 en Cayastá. Colastiné Sur fue creado el 31 de diciembre de 1662, apenas unos años más tarde del traslado de Santa Fe la Vieja a su emplazamiento actual -de la Vera Cruz-, una increíble mudanza emprendida allá por el año 1649.

Tras la desaparición del puerto de Colastiné Sur gran parte de la población quedó sin trabajo. Las familias resistieron en el lugar. Pero una gran inundación ocurrida en 1911 dejó una vez más al caserío bajo el agua, y muchos decidieron irse a vivir a la ciudad, ante la evidencia de que se trataba de una zona baja muy vulnerable a las crecidas. Santa Fe fue declarada Puerto Preciso por la Real Audiencia de Charcas, en 1739, decisión luego confirmada por el rey de España. El Puerto Preciso establecía que la carga paraguaya -principalmente yerba- debía bajarse en la ciudad de Santa Fe para redistribuirse, con el correspondiente pago de aduana. Ello generaba el tránsito de unas mil carretas por año, las que llegaban cargadas al puerto de Santa Fe. Esas carretas eran construidas en este lugar, al igual que la cría de bueyes que las tiraban. Mientras que la paga de los impuestos portuarios permitían a Santa Fe sostener la frontera norte con los guaycurúes. El privilegio fue suspendido por el virrey Vértiz en 1780, decisión que provocó una acelerada despoblación de aproximadamente el 40 por ciento de la población, y una decadencia brutal, con la caída de las actividades artesanales (preindustriales) y comerciales. En tanto, provocó además el gran crecimiento del puerto de Buenos Aires. El puerto de Colastiné Sur, surgido un siglo después, se convirtió en un motor de crecimiento para la ciudad, pero nada tuvo que ver con el Puerto Preciso del siglo XVIII.


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